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Argentina La La Land: cuando tenemos todo para ganar y perdemos

Posted on Mar 24, 2017 in Noticias

(LaPoliticaOnline).- Por Sergio Pollaccia. 
Hace 34 años que vivimos en democracia real. O sea, el pueblo es dueño de su destino. ¿Los equivocados seremos nosotros entonces?

“Estoy harto”, escribía el talentoso Pepe Cibrián hace unos días, reflejando su estado de ánimo frente a la actual realidad del país.

Yo, Sergio Pollaccia, escribiría algo así como “Me niego”. Porque me niego a admitir que a este bendito país le vaya mal. Me niego rotundamente a que en una tierra que lo tiene todo no tengas nada, por luchas internas que no conducen a nada, sólo a que sus habitantes sean testigos de cómo las oportunidades siguen derritiéndose al calor de batallas políticas o económicas sin sentido.

Hace 34 años que vivimos en democracia real. O sea, el pueblo es dueño de su destino. ¿Los equivocados seremos nosotros entonces? ¿Por qué la gente vota candidatos a los cuales critica? ¿Y por qué esos candidatos luego patean el penal afuera cuando el arquero fue al baño y teniendo todo el apoyo de la gente?

¿Qué necesidad había de meter tarifazos a discreción en un momento en el que la gente no tiene un mango? ¿Por qué se amagó con tocar los ingresos de los jubilados para luego retractarse?, poniendo en juego uno de los temas más sensibles de la sociedad.

¿Es un error de comunicación, de estrategia o es distracción? Cabe recordar que una buena y seria comunicación se hace trabajando en equipo y escuchando a todos y poniéndose en el lugar del otro.

Me niego a que todos los ciudadanos del mundo vengan a este país y se enamoren y nosotros hacemos todo lo posible para destruirlo.

Me niego a creer que tenemos la carne más rica del mundo y hay miles de vacas al costado de la ruta y la carne se encarece.

Tenemos una de las plataformas marítimas más grandes del mundo y no podés comer pescado porque te lo cobran como si estuvieras en un restaurante de lujo.

Me niego a creer que en 200 años de historia sigamos ahorrando en dólares.

Me niego a que solamente se nos ponga la piel de gallina cantando el himno cuando la Selección de Fútbol sale a la cancha.

Me niego a creer que teniendo el mejor equipo perdamos. Me niego a creer que Messi sea tildado de español, pudiendo ser argentino y pudiendo haberle dado todas las posibilidades para que crezca.

Me niego a creer que tengamos a las mejores y más lindas mujeres del mundo y que una muera cada 30 horas por nuestro machismo.

Me niego a creer que le abrimos las puertas a todos los ciudadanos del mundo y cuando están adentro se las cerramos.

Me niego a que internamente hagamos productos de tan poca calidad y a precios irrisorios.

Me niego a pagar casi un 51% de impuestos y que no tengamos sueldos dignos ni para maestros, médicos, seguridad o para nuestros jubilados.

Me niego a creer que tomaba mate con mi abuelo hace 40 años atrás en la vereda y hoy no se puede ni salir a la calle por el riesgo a que te maten.

Me niego a ver que teniendo los actores que tenemos, haya que ver intérpretes turcos y brasileros enlatados.

Acepto ver a mi mamá con alzhéimer, pero me niego a sólo pensar de lo caro que es para un jubilado tratarse una enfermedad en este país.

Me niego a ver chicos en la calle y, sobre todo, me niego a ver, en un país tan próspero, tanta pobreza insolente.

Me niego a que seamos tan inocentes. Está la promesa de construir un país a futuro, pero para lograrlo hay que tener al presente como objetivo, dejando el pasado atrás.

Me niego a tantas cosas que tengo miedo a ser un negador. Soy todo lo contrario, no soy un tipo negador, sino que acepto las cosas como son, aunque a veces me niegue.